sábado, 19 de diciembre de 2009

FELIZ NAVIDAD (A MI MANERA)

Aquí un relato que escribí hace unos diez años y que he revisado muy por encima. Tiene las carencias y el candor del escritor de relatos novato, pero me sirve como excusa para desearos unos felices días libres.

Desde Cicely, esta vez con amor.


RESERVOIR DOGS

Las instrucciones del sobre eran claras y precisas. Debían matarse entre ellos. Se conocían lo suficiente como para saber que ninguno iba a aceptar de buenas a primeras las órdenes que acababan de leer. El trabajo que desempeñaban estaba sometido a unas normas muy estrictas de obligado cumplimiento. Y siempre las habían cumplido a rajatabla.

Pero en la actualidad nadie era lo suficientemente profesional como para entregar su vida sin más, a no ser que fuera un fanático o un imbécil, y los tres llevaban demasiado tiempo en el oficio como para cumplir un mandato de aquel estilo sin más.

 El señor Blanco volvió a pasar la escueta nota a sus compañeros para que confirmaran que no se trataba de ninguna broma. El señor Rojo, no perdió su habitual cinismo, masculló alguna cosa entre dientes y esbozó una sonrisa inquietante. En cuanto al señor Negro, como cabía esperar de un personaje tan habitualmente taciturno, no mudó su semblante en absoluto. Se limitó a dar un par de pasos hacia atrás y se reclinó  contra la pared de la habitación sin dejar de observar  a sus dos compinches.

Cinco pisos más abajo, soportando el frío de Enero, sus colaboradores esperaban con la mercancía, metida en sacos y fardos, dispuestos a hacer un intercambio que sus tres jefes llevaban rato considerando si iba a producirse. Las condiciones establecidas por el cliente no eran en absoluto las que se esperaban encontrar dentro del sobre que habían encontrado en el lugar acordado para el intercambio.

Los tres eran conscientes de que cada uno de ellos no sólo estaba armado hasta los dientes sino de que eran extremadamente hábiles en el viejo arte de matar a una persona. Llevaban muchos años en el negocio  Las miradas que se dirigían estaban cargadas de tensión y decían bien a las claras lo que nadie se atrevía a decir en voz alta: no estaban dispuestos a morir, pero sí a matar sin el menor atisbo de duda a los otros dos con tal de poder contarlo. Sólo cabía esperar el primer gesto hostil que desencadenara la matanza. El señor Blanco fue el primero en romper el silencio.

- Estaréis de acuerdo en que esto se sale del procedimiento habitual. No veo ninguna razón por la cual debamos hacer caso de un papelucho del que ni siquiera sabemos su origen.

El señor Negro sonrió.

- Vamos, vamos, sabes tan bien como yo que la nota es auténtica. El sitio acordado, la fecha convenida. ¿Tienes miedo, Blanco? No me lo esperaba de ti.

Mientras los dos discutían, Rojo se llevó la mano al interior de su abrigo. Antes de que se diera cuenta, Negro ya le estaba encañonando.

- Ni un solo gesto, Rojo. A ti te tengo ganas desde hace tiempo. No me lo pongas fácil.

- Baja el arma, pringado- musitó Rojo- Sólo quería sacar un cigarro. Esta situación me saca de quicio. Soy humano, no como otros.

El señor Negro no bajó el arma en absoluto. De repente tras un casi imperceptible clic, se
oyó la voz de Blanco.

-  Baja el arma, Negro, te lo digo muy en serio. No lo repetiré.

- A la mierda.

Todo ocurrió en breves fracciones de segundo. Aprovechando la discusión de los otros dos, el señor Rojo sacó la pistola que aferraba desde un principio por debajo del abrigo y abrió fuego sobre Blanco. Casi al instante, el  señor Negro  atravesó el pecho del señor Rojo de un certero disparo que le hizo desplomarse a la vez que su propio cuello era atravesado limpiamente por el proyectil que había salido del arma del señor Blanco nada más haber sido alcanzado. El triángulo de disparos acabó con los tres en un santiamén.

Blanco estaba muy malherido. La bala le había atravesado un pulmón y empezaba a toser sangre. En medio del dolor, pudo comprobar que los otros dos no eran más que fiambres. Sangraba mucho y la vista empezaba a nublársele, pero aún pudo oir antes de que el frío le envolviera para siempre, el taconeo de un par de botas que se acercaban. Alguien entró en
la habitación y empezó a reir sin parar.

-¡Menudos idiotas! ¡Ni siquiera yo me esperaba que fuerais tan estúpidos como para caer en una trampa tan sencilla! ¿Cómo  pudisteis creer que la carta era auténtica? ¡Ahora el negocio será mío, sólo mío!

Blanco pudo reconocer entre las neblinas de la muerte el error que habían cometido. Una figura corpulenta vestida de rojo se mesaba las blancas barbas mientras le apuntaba sonriente con un revólver. Su último recuerdo fue una carcajada, la cruel risotada de un enemigo que les perseguía a los tres desde hacía años.

- ¡Ho, ho, ho!







jueves, 17 de diciembre de 2009

MERCACHINA

En medio del camino de nuestra vida
me encontré por una selva oscura,
porque la recta vía era perdida.

 


No será la sombra de Ovidio la que guíe mis pasos hasta el infierno. El Dante tenía un abono transporte reservado para los funcionarios eméritos de la palabra, y no soy sino un triste palanganero que recoge los restos del pecado y el horror ajenos.

Las puertas del averno tienen mil resquicios por los que se filtra la locura, enredándose como los cabellos de Lady Godiva en los engranajes de Tiempos Modernos. La banda de gorilas articulados había hecho mella en mi ánimo desmoronado, pero la noche me deparaba nuevas experiencias. No me es dado desentrañar los mapas torcidos que llevan a la perdición, pero sí puedo mostrar fragmentos del jarro que trituro día a día, imágenes tornasoladas de chinos sonrientes que ofrecen latas de salesa, saliendo de una nave nodriza comercial: el Mercachina.

Sólo a unos pocos iniciados en El Horror os había comentado la existencia de ese lugar, sito en Torrejón de Ardoz, una población familiarizada con las bases de ocupación (esta vez comercial) de las grandes potencias. La gran China no respeta nada, fagocita los fonemas y las ideas, y Paco Roig llora desconsolado por la suerte que puede correr su famoso Hacendado.

En mi primera visita a la ciudad, no pude captar la instantánea, no fue sino un vago recuerdo que traté de borrar de mi mente, letras verdes sobre fondo blanco, desleídas por la velocidad del automóvil. Pero hace dos semanas obtuve la prueba definitiva:



Como ya advertía la publicidad de la marquesina, hay muchas navidades aquí, hay todo un universo de consumibles, objetos brillantes, midis horrendos y luces parpadeantes tras esa persiana, esperando a propagarse por las calles, mientras  más allá de la luz de la ventana del primer piso un Norman Bates cualquiera se balancea en la mecedora de su madre muerta comiendo exóticos frutos secos rebozados.


¡El Horror!

jueves, 10 de diciembre de 2009

POMPEYA




Deslizas el índice por su cuello, y un rizo de su media melena se te enrosca como un zarcillo, jugueteas con él antes de volver a besarla, y te golpea en el pecho la certidumbre de que ya, de que no es la primera vez que,  y cierras los ojos tratando de sonreír, de disimular el miedo, de evadirte de aquel otro abrazo, de aquella imagen recurrente, y te consuelas ya de vuelta contemplando la belleza de  su rostro, el tesoro bajo la marca serena de cada uno de sus gestos, esa expresión familiar, ese poso común que siempre te pierde,  sus pupilas titilando al compás de la música del pub. Decides dejarte llevar, ignorar los viejos fantasmas, ahora que el alcohol parece haber desplegado las solapas del tiempo. El vodka te quema la garganta y evocas el desastre, una lluvia de fuego y ceniza ahogando la ciudad romana, las entrañas de la tierra vomitando el rencor de unos dioses enojados por la efímera felicidad de los humanos, por los gratuitos fogonazos del amor.  Un hombre y una mujer ante  la terrible inminencia de la muerte,  dos extraños en Pompeya refugiándose en un abrazo final mientras la tierra tiembla bajo sus pies descalzos. Y el círculo vuelve a deslizarse bajo los torcidos engranajes de una memoria compartida, se confunde con otras vidas, es una amalgama de recuerdos y ensoñaciones. Una imagen de tu infancia, el póster de Ingrid Bergman arrojado a la basura, y tú y tu madre dejando atrás la casa, por ejemplo. Y ahora conoces de sobra la película, no es más que un dato postmoderno girando a una velocidad vertiginosa entre tus fantasmas, celuloide a punto de arder. Viaggio in Italia, 1954,  Roberto Rossellini filmando una historia paralela a la de su propio matrimonio con la actriz protagonista. El Vesubio pautando la historia. Sobre las ruinas de la catástrofe, siglos más tarde, Rossellini filma el desentierro de dos supuestos amantes, el molde hueco de dos cuerpos abrazados en Pompeya, un calco de la muerte. El director italiano se estremece al reconocer a través del prisma de la cámara la desolación en el rostro de su amada, una pena que atraviesa el personaje, reflejando la crisis real por la que ambos están pasando. Dos cuerpos huecos se abrazan en el fondo de una fosa.

Tu padre te contó antes de morir que llevó a tu madre por primera vez al cine a ver Viaje a Italia, y a la salida le arrancó una promesa, un volverse a ver, tras decirle que tenía la mirada de la rubia. A ella le gustaba más Casablanca, porque aunque era la historia de un amor imposible, no  desprendía la tristeza de aquel otro amor en estado de descomposición, un amor de piel podrida, de yeso rascado con la uña. Y en este preciso instante, mientras rodeas con los brazos a la mujer que tienes delante, sigues el hilo de tu fantasía y te ves de nuevo sonriendo bajo la ceniza, trazando en el aire promesas de amor eterno, rogando a los dioses que la comedia siga, hasta  que el volcán cese su ira.

Robert Llopis, Diciembre 2009 (escrito para el taller del Bremen)



martes, 8 de diciembre de 2009

Una visita a Torrejón City

Un claro objetivo bajo una equis al pisar la estación de Torrejón: hacer una fotografía a la tienda china que había descubierto fugazmente desde la ventanilla de copiloto, sempiterna ventanilla, en mi primera visita a la ciudad, un mes antes. Espectro de salesas.

Observo a mi alrededor. La humedad de la mañana no desalienta a las familias. Grupúsculos de padres resignados en su propia estupidez, alrededor de los cuales orbitan unos satélites mocosos se dirigen hacia la piesta de hielo con hilo musical de los 40 (Principales). Sólo se permite la entrada a los patinadores, pero se adivina la figura del chuleta de barrio, presto a empujar al patoso de turno para rescatar a una jovencita inexperta, amarrada a la barandilla. El gorila de turno me observa desde la puerta, con cara de malos amigos. No, señor Yuri, Alecsei, o como se llame, no soy un pederasta secuestraniños, pese a mi aspecto. Ya me retiro.

Y hablando de gorilas, al otro lado de la pista de hielo... Pero no, no puede ser. Miopía necesita revisión urgente. Bachata a todo trapo rebotando en la plazoleta como un sapo borracho y una banda de gorilas con atuendos tropicales, en medio de este frío postergado de diciembre. Una banda de gorilas robóticos que... ¡se mueve! Terrorífico, un insano Tibidabo transplantado. La máscara del terror bajo los sombreros de paja, el color tropical que cayó del cielo, los primos del primate asesino de la calle Morgue. Y no entiendo cómo los padres acercan a sus hijos para ver el espectáculo, cómo ignoran de forma tan irresponsable el trauma que les están causando de por vida. ¡Bachata gorila!

Aquí, el estremecedor documento gráfico:


 

No entraré en la interpretación simbólica de los tótems dispuestos tras los gorilas, pues mi mente no está preparada para ello.

Me queda aún el poso de un terror primigenio, un deseo de huída, esperando que en cualquier momento uno de esos primates se abalanzara sobre uno de los niños para devorarlo ante sus padres. La sospecha de que no todos eran autómatas, que bajo el peluche podía esconderse un humano contratado por una ETT.

¡¡Y la música, esa música resonando aún en mi cabeza!!

(continuará)

viernes, 4 de diciembre de 2009

Círculos



Y tal vez
bajo la aparente convergencia
de pasos propios y ajenos,
bajo el mordisco de las grapas
en el  libro en blanco en el que espero,
descubramos la precisa encrucijada:
allá donde los vientos se abrazan
con la fluida curvatura de los indicios,
sobre la forja de mi quiebra,
y hay señales que se crean o se anhelan,
pataleando sin remedio
en el ámbar de tu mirada.


23-04-2007

jueves, 3 de diciembre de 2009

LOW COST

Esta mañana me he levantado en Malta, gracias al magnífico reportaje fotográfico que ha hecho un amigo del FB de su viaje a la pequeña, encantadora y siempre goleada república mediterránea.  Pequeña y encantadora. Ya puedo usar estos adjetivos de forma eficaz, coherente, creíble. Y podré complementarlos con datos extraídos de la WKPD o, como en tantos y tantos viajes por hacer, conlos pies de foto del vertiginoso carrusel de viajes de la mayoría de mis amistades. Quien sabe, puede que la información me resulte útil para escribir un relato ambientado en Malta, que colgaré en el BLG, que compartiré con mis amigos del Bremen. Una narración histórica sobre los Caballeros Hospitalarios a los que Carlos I dejó en arriendo la isla, desde 1530, y sobre el apabullante peso del tiempo al pasear bajo la sombra de los monumentos megalíticos que el viajero puede encontrar por el archipiélago. Y mientras sigo esperando a mi compañera de viaje, quien sabe si a la vieja de dedos huesudos, me entretengo con este auténtico low cost and high irony, con esta disciplina del parásito capaz de absorber paisajes y vivencias en formato JPG, de besar con fruición los pies de fotos ajenas.

La estela del motor de los aviones traza en la palma del cielo las lineas de un destino al que doy la espalda.

HQJ.

viernes, 27 de noviembre de 2009

UN CHICO INTERESANTE (O CÓMO SER PIJA Y LIGAR CON EL FUTURO PRESIDENTE DE LA SGAE)

Sitúate. Imagina un cine sin palomitas, con asientos de culo plano, una tarde de domingo sin cañas en La Latina, un poco envarada, fuera de lugar, pero segura de lo que quieres, sentada junto a un chico que te presentaron anoche. Un chico interesante. Ahora asume la ausencia consciente de las gafas de moda que nunca usas, perfectamente plegadas en su nacarado estuche de diseño, guardadas a buen recaudo entre una maraña de tangas, en la mesita de noche del estudio que te paga papá.


Apréstate. Disfruta del arte: fila doce, actores en blanco y negro ladrando sincopadamente en un idioma nórdico que en nada se parece al inglés comercial que chapurreas; for your information, por más que achines la mirada, las supuestas palabras de los subtítulos seguirán burlándose de tu esfuerzo, apareciendo y desapareciendo como fogonazos de incomprensión, espachurradas como hormigas por esa miopía tan poco estética que ignoras de forma despreocupada.


Consuélate. No es necesario entender nada. El chico interesante hace mucho que ha caído en tus redes; justo anoche, cuando notaste el leve temblor de su labio inferior nada más presentaros. Ahora dedícate a controlar las veces que su rostro se gira en la oscuridad para sonreírte, mientras se lleva el índice al puente de sus gafas de pasta negra esperando captar un gesto cómplice por vete a saber qué tontería habrán dicho en la película. Vete colgando medallas.


Relájate. Piensa, por ejemplo en esas botas fantásticas que compraste el viernes en John Lobb, una cucada que tienes que cambiar como muy tarde la semana que viene, porque has descubierto que Piluca tiene unas iguales, la muy guarra, se cree algo desde que está con ese amigo de su hermano mayor, y hace tanto tiempo que no queda contigo para ir de shopping… Te está preguntando si te ha gustado la peli.


Contesta. Sin entrar en detalles, vaguedades. Que no note tu desconcierto, ahora que se han encendido las luces de la sala. Déjale hablar y sonríe de forma discreta. Gira las piernas en el ángulo adecuado, de forma que pueda disfrutar de los formidables efectos de la depilación láser, combinada con todas las disciplinas gimnásticas acabadas en –ing que han torneado tu cuerpo.


Afianza. Y cuando subas a su coche, sigue asintiendo, muéstrate interesada por la novela que está escribiendo, continuación de la anterior. Ten tan solo presente el concepto décima edición. No se te ocurra mencionar ninguno de los autores que conoces. Y antes de que arranque, pon tu mano sobre la suya, asciende suavemente por su antebrazo y espera el ataque seguro. Cuando él cierre los ojos, podrás evadirte del regusto a tabaco de sus besos contemplando cómo el llavero que pende del contacto del coche se balancea, cómo el caballo rampante de la marca italiana parece querer saltar hacia un futuro mejor.


Si no, de qué…

jueves, 26 de noviembre de 2009

LA VERDAD SOBRE EL CASO LIMÓN

Escrito para el taller del Bremen, según el tema propuesto: ensayo.

 
LA VERDAD SOBRE EL CASO LIMÓN

El hasta ahora considerado  por la crítica estructuralista texto fundacional de los real zarajistas, obra atribuida a  Odiseo Limón (1954- ¿?), cuya edición princeps fue aparentemente escrita en una servilleta del bar los Pichones de Benimarfull ( vid SCHMIDT, F. Exégesis del primer real zarajismo,) ha arrojado desde su descubrimiento por el propio Schmidt en una cuneta cercana a un establecimiento situado en el km 35 de la carretera nacional VI Madrid - la Coruña (Páginas Amarillas de la Comunidad de Madrid, letra C,  entrada Clubs) numerosas dudas sobre su autenticidad.

De cómo y por qué llegó a escribir unos versos el ahora desaparecido poeta mexicano en una servilleta de un bar alicantino que acabó siendo arrojada en las inmediaciones de un club de alterne cercano a Madrid, poco o nada se conoce.

El único verso legible del mencionado poema está parcialmente deteriorado por una mancha de aceite de fritura, y hubiera sido merecido motivo de una ardua discusión entre grafólogos, filólogos y expertos homólogos si el propio Schmidt hubiera compartido su limitado corpus de estudio con el resto de la comunidad científica.

Las  interpretaciones del verso fueron variando de forma radical, a la par que el alemán se adscribía a la corriente crítica y filológica del último tratado o ensayo que caía en sus manos. Todas ellas se encuentran prolijamente detalladas por el propio Schmidt, tanto en la obra citada anteriormente, como en todos y cada uno de los posteriores y sucesivos estudios del erudito bávaro, comunicados con encomiable insistencia a la comunidad científica ante las puertas cerradas de  jornadas, conferencias, cenas y simposios a los que no había sido invitado.

Así pues, comparando el texto de la posterior y única edición escrita de la obra completa de Odisea Limón con las diversas reinterpretaciones de Schmidt a raíz del hallazgo del original manuscrito del texto, el sentido último de la composición se ve notablemente afectado.

Leemos en la versión oficial del poema.

Blande la luz el ocaso
como funesta guadaña.
El quebrado compás de mi aliento
es un zarajo desconchado,
vaga como un espectro,
por la fe perdida de un pueblo,
maraña de mañanas.

( LIMÓN, O. Loco ocaso, dentro de Hoja parroquial (reverso), Parroquia de la Santa Cruz, México D.F.,  1973)

Donde el último verso es el único verso legible en la servilleta de papel encontrada por Schmidt y ha sido sucesivamente reinterpretado por el crítico como: mañana de arañas (alusión al golpe de Estado de Pinochet, en Chile), manada de mañanas (la ilusión del pueblo que avanza), o mamama mama mama (balbuceo dadaísta).

Tras el embargo de los bienes de Schmidt, al ser relacionado con una trama de exportación de tallas de Quetzalcoatl fabricadas en Taiwán, la servilleta cayó en las manos adecuadas y las grafías pudieron ser analizadas con cierto rigor científico. En una histórica reunión mensual de un taller de escritores y poetas de Malasaña, se puso fin a la vorágine de interpretaciones del alemán, impulsadas todas ellas por los dictados del mero capricho. El texto, como ya hemos indicado, se presentaba escrito sobre un soporte endeble, y deteriorado por un evidente uso meramente funcional (alguien se había limpiado la mano con la servilleta tras una ingesta de boquerones en vinagre) y dejaba adivinar la figura emborronada de un pichón, emblema del bar, como único palimpsesto a investigar. Al margen de esta imagen fantasmagórica, a duras penas se distinguían con cierta claridad un par de letras (una m y una a ).

El resultado final de la investigación, ampliamente financiada por un anónimo mecenas que se sospechaba que podía ser el enconado enemigo de Odiseo Limón, el real entresijista Arturo Bell’ano, fue desvelado en una rueda de prensa celebrada en la estricta intimidad de un sótano, que transcribimos como colofón y prueba irrefutable de la inutilidad del presente ensayo.

Tras realizar diversas y complejas pruebas al fragmento de papel de uso higiénico presentado como objeto de pruebas periciales a petición de una entidad que no nos es permitido citar,  hemos podido desvelar el contenido de las palabras escritas en él y la identidad de su autor, cuyas huellas digitales coinciden con las del individuo hasta ahora conocido como Franz Schmidt, detenido por reiterados altercados y escándalo público en actos culturales, conocido otramente como Odiseo Limón, natural de México DF, poeta autoproclamado fundador del real zarajismo y creador de ensayos ficticios sobre él mismo. No nos cabe ninguna duda, y para que quede constancia de ello, instamos al citado Odiseo Limón a la lectura de la presente declaración en reunión pública a celebrar en Madrid, el día 25 de noviembre de 2009 y a reconocer que la única palabra escrita en la servilleta que él mismo arrojó en las inmediaciones  de un conocido club de alterne era mamada, palabra acompañada de un dibujo obsceno fácilmente confundible con un pichón bravío en posición de remontar el vuelo, por lo que no ha lugar interpretación, ensayo, recreación, o especulación inspirada al respecto de tales poéticas ficciones.

 Robert Llopis, Noviembre 2009




lunes, 23 de noviembre de 2009

Un Negro en la casa blanca

 Copio y pego texto de un hoax que me ha enviado una amiga, digno de análisis y consecuente chascarrillo


ASUNTO: MUY IMPORTANTE E URGENTE



POR FAVOR, HAZ CIRCULAR ESTE AVISO A TUS AMISTADES, FAMILIA Y CONTACTOS !!!  
En los próximos días, debes estar atent@: No abras ningún mensaje con un archivo anexo llamado:  Negro en la casa blanca,    independientemente de quien te lo envíe... Es un virus que abre   una antorcha olímpica que quema todo el disco duro C de la computadora. . Este virus vendrá de una persona conocida que te   tenía en su lista de direcciones. . Es por eso que debes enviar este mensaje a todos tus contactos. 
 
Es preferible recibir 25 veces este correo que recibir el virus y abrirlo.. Si recibes el mensaje llamado:negro en la casa blanca, aunque sea enviado por un amigo, no lo abras y apaga tu máquina inmediatamente. Es el peor virus anunciado por CNN.  Un nuevo virus ha sido descubierto recientemente que ha sido clasificado por Microsoft como el virus más destructivo que haya existido . Este virus fue descubierto ayer por la tarde por Mc Afee. Y no hay arreglo aún para esta clase de virus. Este virus destruye simplemente el del Sector ZeroDisco Duro, donde la información vital de su función es guardada..
 
 
ENVÍA ESTE E-MAIL A QUIENES CONOZCAS.
 
RECUERDA: 
SI LO ENVÍAS A ELLOS, NOS BENEFICIAS A TODOS... 


Por suerte, el asunto del correo ya nos tranquiliza. Algo que sea importante e urgente, no puede ser demasiado serio. Pero el cuerpo del texto nos acaba de reconfortar. No comentaré más temas de ortografía, para no alargar excesivamente la bobada.


Nos informa que reenviemos el correo a  AMISTADES, FAMILIA Y CONTACTOS. Visto lo visto, lo peor que se puede ser en esta vida es un contacto, o un simple lector de un blog. 


El supuesto virus se propaga a través de un correo con un asunto de rabiosa actualidad: Negro en la casa blanca. Por si alguien no se ha enterado aún. A destacar que Negro resalta ante una minusculada casa blanca, encogida ante la paradoja cromático-racial.

¿Cómo actúa el virus? ¡Con una antorcha olímpica que quema todo el disco duro C de la computadora! Consolémonos pues. El rencor olímpico por la no designación de Madrid como sede del despilfarro cuatrienial se ha materializado en forma de powerpoint que quema sólo el disco duro C. Basta con cambiar el nombre de dicha unidad, o limitarse a dejar la carpeta de los textos que escribe el usuario del ordenador en ella, para que no se pierda demasiado en el cataclismo informático.

El hoax nos advierte del origen del virus, una persona  que te   tenía en su lista de direcciones. En pasado. Así pues, se trata de una cuestión de despecho. Casi con total seguridad, se trate de alguien a quien no has etiquetado en una foto de Facebook. Es por eso que debes enviar este mensaje a todos tus contactos. La reacción es lógica: si borras tu libreta de direcciones por la impresión, puedes convertirte en un malvado propagador de virus que tenía contactos.


Es el peor virus anunciado por CNN (y descubierto por Microsoft o McAffee, qué más da): se refiere a Obama, obvio. De hecho, la presidencia del Negro en la casa blanca provocará una nueva Zona Zero, Sector ZeroDisco Duro, que es el espacio de memoria reservado al vídeo de Delfín Quishpe


El correo termina con un eslogan político. Se pide una estupidez con consecuencias ilógicamente favorables.


En todo caso, si reciben el correo del Negro, contesten con esta entrada.



 

viernes, 20 de noviembre de 2009

MY CONEJITO

Con ánimo de seguir haciendo de este blog un purgatorio del buen gusto, me propongo compartir un nuevo videoclip bizarro. Ya no tengo humor ni ganas para analizarlo, hacer capturas de pantalla y chascarrillos irónicos. No, señoras y señores. Izo la bandera blanca entre las ruinas de mi razón.  El Horror ha podido conmigo, ha derrotado a mis palabras como un conejo montypythoniano.

Tan solo diré una cosa: LA BOCA.


jueves, 19 de noviembre de 2009

AL POETA SALVAJE DE MEDIO PELO

Y tú, ridículo poetucho de media luna,
que te prostituyes en la esquina de cada palabra
llenando tu boca de mierda inodora
y no quieres ni limpiar mi escupidera,
te crees ahora con derecho a la pose,
al gesto de tipo duro, urbano, borracho y gris,
como el reflejo de Bukowsky en un espejo
demasiado limpio.

Bohemio de piel de gacela, te desprecio.
No eres más que la peana de la estatua
que nunca erigiré al poeta más rasgado.

Bohemio de piel de gacela, reconozco el perfil
y esparzo tu lengua sobre el mármol,

en finas lonchas,

hasta llegar a la raíz del silencio.

(Observa el entremés,
desde el palco oscuro,
el viejo Hank de uñas sucias).


martes, 17 de noviembre de 2009

WALKING ON THEIR SHOES

A veces vale la pena esperar, ridiculizar el carpe diem, aguardar agazapado tras un aire de fingida indiferencia y coger por el pescuezo al recuerdo distraido, convertirlo en experiencia, cabalgar sobre él azotándole el trasero mientras uno se burla del paso del tiempo.

El Robert que ayer disfrutó del concierto tenía quince años menos, y había estado siempre allí, conocía la pertinente sincronía de los rostros y las ilusiones, había visto la mirada del cuervo deslizarse sobre los acordes de un viejo anhelo, llevaba años estremeciéndose con Walking on my shoes, esperando el momento en el que la trayectoria del círculo volviera a deslizarse bajo las suelas de sus zapatos.



EL ROSTRO DEL MAL

 Conocerás el rostro de Leviatán,
justo cuando la máscara de los asesinos
quede fijada para siempre 
en la tierra empapada en sangre.

 (Manuscrito apócrifo de San Anacleto)

Ya lo anunció San Anacleto, patrón de todos aquellos que luchan contra el crimen, en sus famosas Diatribas contra los agarenos . Llegará un momento en el que la expresión del Mal cobre forma, plasmando su esencia en un único rostro. Será un largo proceso de destilación, de exudación de cualquier atisbo de bondad, hasta el nacimiento del Hombre Malvado, nacido a partir de todas las leyendas contadas para asustar a los niños, surgido de la tela del saco raptor, guía de la Santa Compaña, controlador aéreo de todas las brujas que en el mundo han sido. Un sólo hombre, pura esencia del mal, con una mirada capaz de minar la disposición de ánimo de los espíritus más nobles, con un atractivo animal puro, irresistible, que despierta un furor irrefrenable a la más leve insinuación.

Y ese rostro nos ha sido desvelado gracias a la televisión Boliviana. Los depurados trazos del dibujante del cuerpo de Policía, esbozados de forma apresurada sobre una hoja de papel cuadriculado arrancada del cuaderno de un niño, dan fe de la simbólica maldad del personaje que representa. Se trata de un ser enclaustrado entre rejas y normas, que no ha dudado en matar para obtener aquello que anhelaba: con tres séises y un cuatro, del diablo hago un retrato.



lunes, 16 de noviembre de 2009

RECICLAJE, HAY QUE COLABORAR

 Para Marga



La lata de salesa traza dos vueltas sobre su eje, antes de impactar contra el suelo soltando un chorro espumoso por su pequeño ano, confirmando que la cagada ecológica y social no tiene marcha atrás. El homínido, enfundado en un chaquetón negro de pana, es consciente de que no va a superar la prueba de acceso y siente como el escándalo metálico del impacto de la lata se le clava en el pecho como un dedo acusador. No hay marcha atrás: la lata ha saltado como un insecto, impulsada por su propia inconsciencia, girando como un hueso odisaico de Kubrick que le llevará en este caso a una involución social.

En el breve lapso de tiempo transcurrido desde que ha dejado caer el recipiente al suelo, ha visto un powerpoint de su vida repleto de fotos en color sepia. Y el pobre desdichado se ve con siete años, en una época en la que sólo había un canal  de televisión y una bolsa de basura. Sin contenedores de colores, una época gris, con basureros displicentes con una colilla colgando de la comisura de sus bocas torcidas. Se ve de adolescente arrojando un chicle Cosmos al suelo, sin considerar que acaba de disponer una trampa mortal para las palomas urbanas. Se ve ya de adulto dudando una y otra vez en la cocina, con una huevera de cartón en la mano, mientras se pega la tortilla, mientras el cubo de los envases parece guiñar el ojo al del papel.

Y cuando vuelve en sí, no ve sino la mirada pétrea, el gesto despectivo del mismo encargado de seguridad que le había advertido sobre la prohibición de entrar bebidas al local, y que había dado por sentado que él iba a ser cívico y correcto, que iba a depositar aquella lata en el correspondiente contenedor amarillo Piolín, un contenedor que el puertas conoce desde su nacimiento, porque ha nacido con el oficio en la sangre, por de pequeño sus padres le enseñaron a reciclar, a separar lo útil de lo desechable, a clasificar, a escoger.

Tú sí, tú no...

domingo, 15 de noviembre de 2009

¿SALESA?





Una invasión sutil esparciéndose ¿salesa? por las calles de Madrid, cortos pasos, un sólo propósito, habilmente diseminados, con una estrategia impecable calculada por el mismo cerebro capaz de desentrañar los entresijos de las tragaperras, un ejército de zombies ¿salesa? chinos armados con bolsas de plástico cargadas de latas de ¿salesa? con la calculada amabilidad del oriental, con esa mirada persuasiva clavándose en mi retina ¿salesa? alcoholizada, hurgando en mis débiles defensas, en el fondo de mi bolsillo, justo allí entre un paquete de kleenex y una pelusa, donde aún queda un euro, y  ¿salesa? me digo que no pasa nada, y caigo en la tentación de refrescar el gaznate, de llevar a mis labios la fría superficie de la lata almacenada entre latas loedolas, y cuando uno ve salir el sol en una hamburguesería repleta de lo mejorcito de cada casa, mira con los ojos achinados el tercio de Mahou que se está bebiendo, y uno juraría que la etiqueta ha cambiado, que puede leerse Mao.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

AUTUMN IN NEW YORK


Por un momento, te sientes reconfortado. Al fin y al cabo, eres un gran aficionado al jazz de salón.  El ambiente acompaña y cada uno está en su sitio: la rubia amarrada a la barra, las marcas circulares de los vasos sobre la mesa formando una bandera olímpica desfigurada (has bebido más de la cuenta), y el tenaz carraspeo de tu garganta, poco acostumbrada a fumar.  Balanceas el pie de forma mecánica, y el tobillo chasquea siguiendo el ritmo del contrabajo, a la vez que sientes la presión del poliéster sobre tu dedo medio, anillado por el agujero en el calcetín de ejecutivo. Te sientes incómodo, pero libre. Ahora es importante transmitir buen rollo, captar la atención de la rubia de forma sibilina. No fuerces demasiado la sonrisa, balancea la cabeza tratando de  no sentirte como un gilipollas, finge que tienes sentido del ritmo, daba-daba-dá…. Te has puesto la camisa negra, mal planchada, que te da cierto aire de interesante descuido. Ojo, la ceniza, no has dado una sola calada al último cigarro. Lo apuras y tratas de ahogar la tos.  Habías oído hablar a tus amigos más canallas de este local de jazz, cercano a  Gran Vía: actuaciones en directo, bebidas poco cargadas de alcohol y mucho de precio, servidas por un camarero demasiado displicente para un supuesto garito underground, y las habituales lobas que suelen rondar por este tipo de locales. Una rapida mirada a tu alrededor desmiente este último extremo, salvo la lacada excepción: las dos japonesas de nuca impoluta y peinado a lo garçon beben sus respectivas colas light con pajita y no tienen nada de underground,  menos aún  de buscar lío. Al contrario, tienen todo los números para asignarles la etiqueta de turistas despistadas, con aspecto de haber salido de algún musical de moda y haber caído por error sobre sus sillas desde las alturas del Nirvana tecnológico del que proceden. Observan la actuación con una expresión tan vacua como risueña, aderezada por ocasionales comentarios en voz baja. Entomología humana.

Aguantas las ganas de mear todo lo posible, temeroso de zozobrar en exceso al levantarte. Los últimos vodkatonics entraban suaves, suaves, como si no llevaran ni una gota de alcohol. Es una bebida que sabes que sorprende cuando la pides, amarga, de tipo duro que debería llevar sombrero de ala ancha, como Bogart, o más bien como querría haber llevado Woody Allen en Sueños de un seductor. Tranquilo, encontrarás a otra que sepa valorar tu buen gusto, que reconozca que la has elegido justamente por ser un tipo especial. No aguantas más y arrastras la silla en exceso al incorporarte, ¡¡¡RAAAAAAK!!! La miradita de las japonesas en el cogote, y empiezas el slalom  entre las mesas, dando gracias por la escasa concurrencia. La rubia parece estudiarte cuando pasas por su lado con el andar vacilante, pero que se cree firme, del borracho que pretende disimular su estado, camino al servicio de caballeros. Cierras la puerta a tus espaldas y eliges uno de los urinarios de pared. El chorro parece interminable, y te recreas en tu capacidad mingitoria, aceptándola como una muestra de virilidad. Sacas del bolsillo de la americana la corbata, arrugada, que te has quitado antes de entrar al local, te limpias la punta con ella, y la arrojas en aquella enorme vagina de elefanta. Te ríes por la ocurrencia. Que se jodan.

A la vuelta, el ambiente ha cambiado. Un grupo de jovencitas ha entrado a la sala. Tienen el burdo aire alternativo que sólo pueden tener las paletas o las ignorantes. Peinados de colores, abalorios étnicos, una pátina de desenfado estético, ropas anchas para pocas carnes, y mucho merchandising de Tim Burton y tabaco de liar. Morralla de Lavapiés o Malasaña, falsa bohemia y artisteo de tres al cuarto. Pero a ti no te engañan, gato viejo, no a ti que viviste los mejores años del Penta y te pusiste tan hasta el culo de todo, que decidiste que la mejor forma de acabar con la bestia era mamar de su teta. Y bueno, qué más da, ese tipo de tontitas suele preferir a los maduros cascados por la vida, como tú. 

Te alegras por haber tirado la corbata en el baño. Tiene bordado el delator logo del banco, una prueba del delito que hubiera desenmascarado al personaje que te vas a currar. La cantante, no-me-jodas-que-es-negra-no-me-lo-puedo-creer, canta A fine romance, como si esperara que Louis Armstrong se desenterrara a golpe de trompeta para secundarla. Aplausos entusiastas, esta noche todo vale. Pides otra copa en la barra, ignorando a la rubia, que ha pasado a ser plan Z, y te acercas a la mesa de las alternativas.

- ¿Os importa?
Dos de ellas se miran sonriendo, y una tercera más lanzada te invita a sentarse con un gesto.
- Tranquilas, no os voy a preguntar si venís mucho por aquí, no soy tan cutre (ahí has estado bien, ironizando sobre los métodos de caza).

Presentaciones, puqui, Armando, puqui-puqui, una de ellas parece incómoda, la de las rastas es fea de cojones, pero la de tu izquierda… ¿cómo has dicho?, ah, Katia, con ka, encantado (y olvidas al instante el nombre de las otras dos).  Bla, bla, bla, miraditas, temas comunes, hazle preguntas, que se sienta el centro de interés, no le hables de ti, deja lo mejor para el final, que se note que te gusta, déjaselo bien claro, los consejos de siempre, aquellos que toda tu vida te han dado los grandes folladores y las amigas que jamás te tirarás, desfilando por tu mente como una ristra de procesionarias, esta ronda la pago yo, insisto.

La noche se anima y Katia con ka parece sentirse cómoda a tu lado, incluso apoya su cabecita hueca contra tu hombro cuando interpretan un (otro) standard, cuyo título e intérprete original compartes con el grupo (una vez más). El resto parece haber asumido tu presencia como parte de la noche, incluso te piden que les saques fotos con tu móvil de última generación. Pásame tu e-mail y te las envío, claro, nuevas argucias.

El show ha terminado y el distinguido público con cuello de cisne abandona el local poco a poco. La cantante negra se acerca a la rubia de la barra y se dan un largo y sonoro morreo, que en cierto modo te reconforta. Era terreno baldío. Risas callejeras, camiones de basura cruzando la noche furibundos y os metéis en un antro de Malasaña con la persiana cerrada, y Katia con ka y tú acabáis metiéndoos mano (al fin) en un rincón oscuro. Ella está muy borracha y acaba (joder, un clásico), hablándote de su novio, de lo mucho que le quiere y lo poco que el la cuida. Se pone a llorar y tú no puedes evitar fijarte en cómo se le mueven las tetas cuando hipa. A la mierda.

Decides que la noche ha llegado a una frontera que hay que cruzar, y que tu enésimo vodkatonic está más caliente y desaprovechado que tú, así que le sueltas una grosería a Katia con ka. En un momento, te ves envuelto por gritos  y miradas asesinas. Las zarpas de sus amigas amenazan con marcarte la cara, así que pides al pakistaní que custodia la entrada que te deje salir, antes de que esa manada de arpías te despelleje.

En el taxi de vuelta, asientes entre balbuceos a los clichés demagógicos del conductor, le dejas una propina impropia, y notas por primera vez, al bajar, que hace un frío de cojones y que has olvidado el abrigo que te regalaron en algún lado. Te maldices en voz baja mientras entras en el portal. No piensas sino en descalzarte, liberarte de una vez del maldito calcetín agujerado que ha acabado dándote la noche, y meterte en la cama. A la tercera, logras acertar con la llave de casa. Avanzas a tientas por el pasillo con los zapatos en la mano. No has comido nada en todo el día, y decides inspeccionar la nevera. En el tercer estante aún queda media tarta de ayer, con dos velas clavadas como dos banderillas en todo lo alto de tu perdida juventud.

Robert Llopis, Noviembre 2008

lunes, 9 de noviembre de 2009

La inteligencia de los delfines

Adentrémonos de nuevo en las procelosas aguas de los pop-hits andinos. Ya ha pasado el tiempo suficiente desde el 11-S como para poder encarar el tema con cierta perspectiva y humor. Pero pasarán eones antes de que podamos perdonar al personaje que hoy nos ocupa, por el simple hecho de registrar los sonidos que emite: Delfín Quishpe

Antes de profundizar en el tema, es conveniente cauterizar nuestros sentidos con el videoclip en cuestión.



Adentrémonos en un análisis de la grabación:

El protagonista es el propio cantante, que narra una supuesta experiencia personal con un nivel dramático, lírico y expresivo equiparables a cualquier tragedia de Esquilo. Se nos presenta leyendo una revista de divulgación científica, que pronto abandona en el sofá, un gesto evidentemente simbólico, pues estamos a punto de sufrir una experiencia que trasciende cualquier tipo de explicación.



La voz introductoria, mecánica, con el regusto a sílaba enlatada del Vocoder, anticipa la deshumanización, la tragedia más allá de los límites de la comprensión humana. Las últimas consecuencias de la postmodernidad suponen que la libertad de elección ha muerto con el fatal atentado y la función del mando a distancia pierde sentido, limitándose a proporcionar distintas perspectivas de un mismo hecho. 

La gestualidad es clave para transmitir el dolor que siente el artista. Tras soltar el mando a distancia, se lleva ambas manos a la nuca, teniendo cuidado de no despeinarse, en un gesto que aparentemente parece destinado a la siesta, pero que no debe engañarnos. El drama se masca y los dedos se entrelazan crispados.



El cantante no puede más, se levanta, proclama su queja al destino, con ese ¡No puede ser, noooooo! que se le clava a uno en el alma y en los higadillos.

Tras marcar en su teléfono de última generación



y no hallar respuesta alguna, el nivel de dramatismo es máximo, y se refleja en el cariacontecido rostro del pequeño oficinista.



Finalmente, se encomienda a la divinidad, santiguándose. Si nos fijamos, la mesa en la que se encuentra el televisor está dispuesta como un altar, con su sacra mantelería.


 Pero la vida debe continuar, y Delfín lo sabe. Es por eso que intercala publicidad por si alguna alma caritativa, emocionada por el homenaje musical del tenor ecuatoriano, desea contratar algún bolo. El dolor, eso sí, como fondo.






El propio Delfín, como el hábil lector habrá adivinado a estas alturas, se nos presenta como un taumaturgo de la tragedia, capaz de convocar a los aviones para que impacten sobre los rascacielos,


o de ofrecer sus manos redentoras para recoger a los desesperados suicidas.





Pero es el propio delfín, al fin y al cabo, quien se sacrifica por todos, como Jesucristo. Inicialmente sepultado por los cascotes mientras invoca a la divinidad,


Acaba siendo recompensado con el paraíso. Pastará por verdes praderas, no sin antes haber sido atravesado por un engendro mecánico (como las torres), en este caso un autobús.



Finalmente, el pueblo de Ecuador celebra la muerte de su más preciado poeta, que sacrificó su talento para lograr la redención eterna de las víctimas del 11-S.


LA LETRA

Premio a quien encuentre una rima. Los dos últimos versos son especialmente estremecedores.

(Hablado)
El Martes 11 de Septiembre del 2001
Siendo las 8 y 46 de la mañana
Estados Unidos sufrio la mayor ofensiva de su historia
que culmino con la destrucción de las Torres Gemelas
en Nueva York

(Delfín)
No puede ser
Noooo!!!

Todo el Planeta se convulsiono
Dios mio,
Ayudameee

Cuando te fui a buscar
no creí lo que estaba viendo

Las Torres en llamas
llenos de humo negro
y tu en ese lugar

Hay Dios mio
Hayayay

Desde Ecuador, Sud América
Te cant¨:
Deeelfín

(Cantado)
Cuando me fui
a Nueva York,
Pensé encontrarme
con mí amorcito

Ella vivía
en Nueva York,
y trabajaba
en Torres Gemelas

Una llamada
la recibí,
solo me dijo:
Adiós mi Amor

Un mal recuerdo
yo la viví,
los terroristas
lo exterminaron

(Hablado)
Quién sabe la verdad
Quién lo hizo?
Y por qué lo hizo?

No puede ser Dios mio
Ayudamee

(Cantado)
Ese momento
no le salvó,
ni el dinero,
ni la religión

Se que te quedas
ya sepultada,
en los escombros
de Torres Gemelas

Cuanto quería
estar contigo,
nunca pensaba
que vas a morír

Diosito lindo
no puede ser,
solo llorando
podré olvidar

(Hablado)
Rindo homenaje
a todos los compatriotas,
que perdieron sus vidas
el 11 de Septiembre del 2001

Por buscar un sueño Americano
Hayayay

Para todos los amigos en los Estados Unidos
escúchelo...
Con fuerza compadre

Desde Ecuador, con mucho amor

Delfín hasta el fin

Nos vemos
Chao!
 
 
 

domingo, 8 de noviembre de 2009

Pérsimon / Persimón


Más allá de la inumerable oferta  de marcas con hache inicial que uno puede encontrar en Mercadona (hace poco descubrí que unos chinos habían abierto en Torrejón de Ardoz un Mercachino, con la misma tipografía que el Mercadona original, pero ello merece artículo aparte), la sección de Frutas y Verduras me proporcionó un entrañable shock.

Descubrí el persimon, un caqui de pulpa dura, cuya mera eufonía desató en mi maltrecho intelecto un simpar despliegue de disquisiciones ociosas que terminaron por provocarme una media sonrisa preocupante para cualquier observador que hubiera reparado en ella.

Al ser palabra nueva, el término usado para designar a este caqui dulce turgente y erecto, de aspecto engañosamente verde y prometedor de asperezas, decidí arbitrariamente que la sílaba tónica debía ser la última, convirtiendo el persimon en persimón. La denominación resultaba así no sólo mucho más vigorosa, sino que cobraba tintes heróicos. En efecto, Persimón podía haber sido perfectamente uno de los argonautas de Jasón, que en busca del Vellocino de Oro, partieron hacia la Cólquida. Y seguramente fue la propia Medea la que desveló al joven Persimón el arte de obtener en las frutas y doncellas de Tesalia una textura recia que soportara el paso del tiempo, sin renunciar a su dulce sabor.

En la aclamada adaptación cinematográfica del mito de Jasón y los Argonautas fueron suprimidas las escenas en las que Jasón se defiende de los esqueletos con la ayuda de un caqui endurecido por Persimón. Claro que en el mito tampoco salían esqueletos articulados.




Si marcamos el acento en la antepenúltima sílaba, nos encontraremos ante la innegable existencia (basada en la mera resonencia fonética en mi maltrecho imaginario) de Sir Pérsimon, uno de los seguidores de los caballeros de la Mesa Redonda, sucesor en la búsqueda del Santo Grial. Su periplo le llevó hasta Persia, donde descubrió la dulce fruta, utilizada para aliviar las secuelas del exceso de alcohol. En su afán por salvaguardar su identidad, cubría su rostro con una máscara en forma del fruto al que daría nombre, aunque algunas fuentes afirman que se trataba del mismísimo Sir Láncelot, avergonzado tras el descubrimiento del tomate de su relación con la reina Ginebra.



Al margen de todas estas disquisiciones históricas, la palabra persimón o pérsimon (al gusto), tiene efectos balsámicos. Pronuncie el lector en voz alta tres veces el nombre de la fruta, y sentirá al instante cómo su humor mejora notablemente. Es un hecho contrastado que no quiero dejar de recomendar, pero que debe realizarse con total seriedad, tratando de visualizar la fruta, sostenida con firmeza en la mano, para ser mordida y disfrutada, como lo va a ser el día que uno tiene por delante.

PER - SI - MÓN (mordiendo)
PER - SI - MÓN (paladeando)
PER - SI- MÓN (deglutiendo)

sábado, 31 de octubre de 2009

SULCA AGAIN


















El horror, el horror...

Como una criatura de Lovecraft atravesando el légamo, deslizando los tentáculos de la locura sobre mi sien, tengo ante mis ojos un nuevo video de Wendy Sulca.

¡Oh, incautos lectores que aún no conocéis las profundidades del terror musical! Os presento a la niña étnica más procaz y precoz de la historia de Perú. Han pasado años desde la perpetración de estos vídeos, así que pido un mínimo respeto por la cantante, que debe arrastrarse a estas alturas por algún callejón de Lima con una jeringuilla colgando del brazo.

Y es que no podía acabar de otra manera. Desde bien pequeña, fue patente su adicción al sexo y al alcohol, debido a la prematura muerte de su papito. Aquí os dejo una pequeña muestra de su producción.

PAPITO



Uno de los videoclips más estremecedores de la historia de la música. No sólo por el natural tono de voz de nuestra Wendy sin Peter Pan, sino por la inserción de escenas reales del entierro de su padre, Franklyn Delano Sulca. Un monumento a la falta de respeto por los que descansan en paz.

LA TETITA



Olvidada la tristeza por el óbito paterno, Wendy se lanza al descubrimiento de su cuerpo. Al inicio del video, unos muñecos realizan movimientos sincopados, en clara alusión al furor pélvico que va a desatarse en el cuerpo ya casi adolescente (qué más da que tenga nueve años) de la pequeña cantante.

A destacar la simpar aportación de sus acompañantes. Por un lado, el hijo bastardo del enano de la Orquesta Mondragón se dedica a realizar una serie de danzas rituales de apareamiento, con los atuendos de un pequeño oficinista. Por el otro, la orquesta boca buzón, hasta las orejas de coca, con su perenne sonrisa.

No se dejen engañar por el aparente simbolismo de los lechones que están siendo amamantados. La función de la tetita no es nutritiva.


CERVEZA, CERVEZA



Ahíta de sexo y muerte, Wendy no puede alcanzar la iluminación mística sin la ayuda de sustancias alcohólicas. Su joven y agraciado cuerpo es castigado por la ingesta de alcohol, un hecho que acabará con su carrera, como la de tantas jóvenes estrellas echadas a perder. Internada en una clínica de desinntoxicación, lanza un grito desesperado: quiere tomar cerveza porque su amorcito ya no está junto a ella. De hecho, el pequeño ejecutivo de La tetita, ya no aparece.


RAMMSTEIN



Y éste es el video que ha hecho que vuelva a sumergirme en la locura. Harta de ser ignorada por los suyos, Wendy Sulca se dedica actualmente a hacer versiones de grupos alemanes. Su voz cascada es una advertencia para todos aquellos que pretendan ser estrellas del folk andino. Wendy Sulca surca los mares de la sinrazón.

Otra versión, esta vez de System of a Down:




NO HE ESTADO EN THAILANDIA

Reconocer, a mis treinta y seis años, que nunca he salido de España, ha provocado indefectiblemente entre mis amistades un estado de estupefacción tal, que a duras penas logro entender cómo soportan mi presencia y no me condenan al exilio.

En este planeta encogido por los isillets, los continentes vuelven a ser una Pangea con charquitos de por medio. Y uno ha de soportar, en todo restaurante hindú que se precie, las conversaciones de las mesas colindantes sobre lo maravilloso que es que a uno le hagan un masaje de pies en Bali.

Obstinado en mi cerrilidad, no dejo de lucir boina, no con afán programático, sino como constatación de una realidad que no me avergüenza. Me pierdo la modernidad cosmopolita de Londres, la magnificencia histórica de Roma y, sobre todo, la oportunidad de colgar cientos de fotos en la red social de turno. Jotapegés en los que mi nariz sustente la torre de Pisa, me vea escoltado por dos japonesas con sus deditos en uve enhiestos, o en los que mi rostro acuñe los más bellos paisajes del mundo, justo en la esquina inferior izquierda de la imagen.

No me interesan las piedras. Me interesa el cambio. Y por ahora, me basta con ir a a comer tandori chicken.

viernes, 30 de octubre de 2009

ASSAIG DE CÀSTIG EN EL TEMPLE

Traducción para mis entrañables madrileñienses más abajo. Poema que figurará en la exposición del aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos del Club d'Amics de la Unesco d'Alcoi. La cita de Ovidio no la traduzco, porque todos sabéis latín.


En ego, cum caream patria uobisque domoque,
raptaque sint, adimi quæ potuere mihi,
ingenio tamen ipse meo comitorque fruorque:
Cæsar in hoc potuit iuris habere nihil.

(Ovidi , Trist. III 7, 45-48)

Vet aquí que jo, encara que em vegi privat de la pàtria, de vosaltres i de la llar, i que m’hagi estat arravatat tot allò que em pogueren prendre, tinc, tanmateix, el meu art, que em dóna goig i em fa companyia; el cèsar no hi pogué tenir cap dret



ASSAIG DE CÀSTIG EN EL TEMPLE

L’absurda disciplina del tiralínies
traça geometries impossibles
sobre la closca tatuada de les tortugues.

Cap frontera marcarà el contorn de la pàtria,
però l’exili esborra els camins cargolats
sobre els mapes enreixats de l’oblit.

L’esmolat full d’una llei injusta
recorre com un núvol l’iris passiu
de la cegada indolència.

Les ales mortes d’un àngel de marbre
que no volen, ni voldran volar,
assenyalen el cos mort de l’horitzó.

Sobre els muscles de la supèrbia,
els arbres esdevenen tanques fèrries,
les pedres mosseguen els peus nus
per l’irresolt laberint de l’esperança.


Robert Llopis, Juliol 2009

ENSAYO DE CASTIGO EN EL TEMPLO *

La absurda disciplina del tiralíneas
traza geometrías imposibles
sobre el caparazón tatuado de las tortugas.

Ninguna frontera marcará el contorno de la patria,
pero el exilio borra los caminos enroscados
sobre los mapas enrejados del olvido.

La afilada hoja de una ley injusta
recorre como una nube el iris pasivo
de la cegada indolencia.

Las alas muertas de un ángel de mármol,
que no vuelan*, ni querrán volar,
señalan el cuerpo muerto del horizonte.

Sobre los hombros de la soberbia,
los árboles se convierten en vallas férreas,
las piedras muerden los pies descalzos
por el irresuelto laberinto de la esperanza.

* "Assaig de càntic en el temple" es un conocido poema de Salvador Espriu, musicado por Ovidi Montllor. El juego entre "càstig" i "càntic" se pierde.

** ”volen” puede significar “vuelan” o “quieren”, el juego de palabras se pierde irremediablemente en la traducción.

BOLITAS

— La última vez que lloré en el cine fue con Más allá de los olivos, de Kiarostami. Aquella historia de amor entre la devastación causada por un terremoto, que no hacía sino presagiar una tragedia mucho mayor, me llegó al alma. Por no hablar del punto de vista, ese doble juego de perspectivas, el cine dentro del cine, como aquellas muñecas rusas…

Matrioska. — dice ella, mientras se ajusta el escote de forma provocativa.

Es la primera vez que Laura interviene en el monólogo de Javier. Satisfecha por poder haber metido baza, se adjudica un quesito en el particular juego de deslumbramiento mutuo que han iniciado nada más ser presentados en la fiesta de cumpleaños de una desconocida para ambos.

— Exacto. — y trata de disimular la perpendicularidad de su trayectoria visual con la semirrecta formada por el canalillo de su interlocutora. — Porque aunque uno ya ha vivido lo suyo con las mujeres, hay historias que de algún modo le encabalgan hacia el pasado, que le enseñan lecciones que no acabó de entender en su momento.

Encabalgan hacia el pasado… Tremendo. Ella analiza sus palabras, tratando de desgranar los conceptos que se esconden tras ellas y ordenarlos sobre la retícula 2x2 de su cerebro. Dicha estructura está constituida por dos niveles superiores (inteligencia y dinero) y dos inferiores (percha y ropero ). Durante el cuarto de hora que llevan hablando, Laura tiene claro que Javier es una persona suficientemente inteligente, con poco dinero, un cuerpo discreto, y con el gusto para vestir enmascarado en un estilo monocromático. Pantalones negros raídos, jersey de cuello alto lleno de bolitas en la zona levemente abultada del vientre, y una conversación llena de balas de fogueo intelectuales, pero resultona para cualquier incauta.

Laura, que no ha visto la película del director iraní, porque en su momento salió del cine sin llegar siquiera a la mitad del metraje con la firme convicción de que era una enorme patata, se calla. También, gracias a una habilidad social adquirida, reprime un gesto reflejo de su ceja izquierda, que al enarcarse hubiera delatado el escepticismo que le provoca la supuesta extensión del currículum sentimental del hombre que acaba de mirarle las tetas de forma tan timorata.

Pero esa noche ha salido a ligar. Por eso no le corrige el título de la película, ni trata de ponerle en evidencia con su habitual sarcasmo, tan denostado por sus amigas más íntimas. Por eso se reprime y no le arranca ninguna de las bolitas del jersey, sino que busca algo más que beber. Porque esa noche quiere probar otras armas, y se ha puesto a regañadientes el vestido ajustado que le ha prestado Carol. Y porque le divierte hacerse la tonta. Y porque en aquella fiesta todo el pescado parece ya vendido, y a veces una ha de conformarse con una sopa de morralla.

Se promete a si misma no ganar ningún otro quesito, y busca por entre las mesas la botella de Stolichnaya que ha comprado en el chino bajo mano. Apenas quedan dos dedos. Lo habitual entre tantas botellas de cerveza. Se carga el vodka con limón todo lo que su estómago es capaz de soportar y regresa junto al cinéfilo, que le dedica una sonrisa beoda.

— Debo estar aburriéndote con tanta cháchara, pero es que me dejo llevar cuando hablo de cine. ¿Sabes? Estoy escribiendo un guión.

— Para nada, me resulta de lo más interesante, Javier.

Le llama por su nombre, con la casi total seguridad de que él no se ha quedado con el suyo. Javi, Javivi, Javito, con el as en la manga de su preciado guioncito. Laura se pregunta a cuántas habrá tratado de deslumbrar luciendo la consabida aureola del escritor. Y ella, que ha sido jefa de guionistas de dos de las series con más éxito de los últimos años, se calla. Porque hoy ha salido a ligar, porque los hombres como aquél se asustan si una mujer demuestra estar por encima de ellos. Y le deja hablar de su proyecto, de las dificultades que supone hacerse un hueco en el mundillo sin los contactos adecuados, de la eterna incomprensión del artista. Y cuando se acaba el vodka, finge un bostezo y pide que la lleve a su casa, de la forma más directa y descarada, mientras reprime la risa por la cara de tonto que se le queda. Y a la mañana siguiente, cuando despierta, le deja roncando en la cama, no le despierta, coge el jersey negro que ha dejado la noche anterior colgado en el respaldo de una silla, y se lo lleva a su casa para arrancarle las bolitas a gusto.

Robert Llopis Zurita, Octubre 2009