Esta es una entrada automática, generada por Blogger, debido los meses de inactividad del perpetrador del blog Desde Cicely con ardor. Mediante la misma, pedimos una disculpa genérica por su vagueza y bajeza a la hora de abandonar el blog a su suerte, sin esgrimir explicación alguna al respecto.
Ahórrese el lector tener que tragar con las consabidas excusas de cualquier bloguero, que detallamos a modo de advertencia para navegantes con su correspondiente traducción, en caso de que el autor tuviera la osadía de esgrimirlas:
- Estoy enfrascado en un proyecto más ambicioso (estoy por encima de vosotros y ando escribiendo la novela del s.XXII, aunque no creo que llegue con vida a acabarla).
- El amor ha llamado por fin a mi puerta. (por fin reuní el dinero suficiente para dar un buen uso a esa web de casaderas rusas por encargo).
- El formato blog está obsoleto, he de evolucionar (estoy enganchado en un puto nivel del Angry Birds).
- Necesito un escenario más estimulante (estoy cansado de que no me conteste ni El Tato. Voy a soltar cualquier perogrullada demagógica en mayúsculas en Facebook para saciarme de feedback).
A la espera de más noticias del autor, disculpen el desorden del páramo.
lunes, 23 de julio de 2012
domingo, 6 de mayo de 2012
CAMAS SEPARADAS
Se ha dormido antes que yo, como todas las noches. Me quedo solo, con mis cavilaciones, con ese deseo de soñar su piel, tan cercana pero a la vez tan negada. Nos separa más que una mesita de noche. Nos separa el desafecto, la falta de entendimiento. Siempre hemos sido de carácter muy distinto. Pero al principio de nuestra relación ¡parecíamos tan complementarios!
La luz de la luna entra por la pequeña ventana de la habitación, como curioseando extrañada por mis lamentos. No me atrevo a despertarle. ¡Es tan huraño! Hace tiempo que dormimos en camas separadas. Fue una decisión suya, claro. Nunca me convencieron las razones que esgrimió: comodidad, nuestros distintos horarios... En el fondo no había más que una razón, la falta de afecto, la frialdad que se había alojado de repente en su mirada. No se daba cuenta de que yo aún le amaba apasionadamente, que necesitaba sentir el calor de su cuerpo a mi lado, que me moría por abrazar su vientre liso, por peinar con los dedos sus gruesas cejas antes de besarle en la frente. Y ahora dos metros son todo un abismo. Un mar de dudas que no me atrevo aún a romper con mi voz. Escucho, en mi insomnio, su leve ronquido. Nunca me ha molestado. Me parece casi paternal. Él siempre ha sido quien ha puesto algo de cordura a nuestra relación, quien me ha dicho qué era lo conveniente cuando estaba equivocado. Su mundo es el mundo de las cosas que tienen nombre y lugar, donde no caben los sueños. ¡Es tan racional! Tal vez por eso prefiere la discreción, por miedo a perder nuestro trabajo. Teme que la gente del barrio chismorree sobre nuestra relación. ¡Qué más da que seamos del mismo sexo! Lo importante es el amor...
El amor, ese amor que parece que se nos está escapando. Sigue de cara a la pared, dándome la espalda. Le observo en silencio, como esperando que note mi mirada como una mano en su hombro. No puedo más. Su cuerpo esbelto es demasiada tentación, vence mi prudencia. Aunque sé lo que pasará, aunque preveo su enfado, sus palabras gruñonas, no puedo evitar decirle algo, alguna tontería que reclame su atención. Temo su reacción, pero me pueden las ganas de oír su voz, de recibir el improbable regalo de un “ven a la cama”. Tímidamente, casi susurrando, me dirijo a él desde la oscuridad.
- Blas, Blas...
- ¿Qué quieres, Epi?
viernes, 6 de abril de 2012
EL ABECEDARIO DE GOOGLE
Esto es lo que hay, esto es lo que somos. Sugerencias de
Google cuando uno introduce una letra.
A as
El primero de los dos periódicos deportivos que aparecen. Google no es culé, por cierto.
B bankia
La única entidad bancaria que aparece. Entiendo que habrá pagado una morterada por el posicionamiento, por delante de Burger King.
C cinetube
Esta parece de las sinceras, aunque hace siglos que no uso esta web.
D decathlon
Más publicidad.
E el mundo
Por delante de El País. Buen regate de Pedro J.
F facebook
Esta era indiscutible.
G google
Hubiera sido de tontos no ponerse los primeros. Ahora bien, ¿qué especie de centutrio busca "google" en Google?
H hotmail
Se les cuela la competencia.
I idealista
No, no es el espíritu de los tiempos, sino un portal de anuncios inmobiliarios.
J juegos
Buscar "juegos" en internet me resulta tierno...
K kinepolis
Más publi madrileña.
L lotería nacional
De ilusión también se vive.
M marca
Más prensa deportiva. Movistar relegada.
N noticias
Para quien busca información objetiva. Noticias, como quien compra pan.
Ñ ñaco
¿Ñaco? Vale, es una tienda Madrileña, no un cantante de reaggetton. Y de críos...
O orange
Telefonía
P programación TV
Esto no hay quien se lo crea. Debería ser "putas" o "pollas".
Q quiniela
Más recursos para salir de la crisis.
R renfe
Y una mierda. Lo más buscado en Google con la R es mi nombre.
S segundamano
Otro portal de anuncios, imposible que no sea "sexo".
T tuenti
Por delante de Twitter, delator. Pero sobre todo, de "tetas".
U uned
Estos se gastan una pasta en publi siempre. Ni U2, ni leches.
V vodafone
Segunda compañía telefónica. Claro que nadie es tan repipi de buscar "vagina".
W wikipedia
Esta parece razonable, mira.
X xanadu
Canteo total. El buscador selecciona centros comerciales madrileños.
Y youtube
Qué menos, con lo que ha costado absorberlos.
Z zara
Que se noten los cuartos de Inditex, por encima de cualquier "zorra".
sábado, 31 de marzo de 2012
MITOLOGÍA PARA CHONIS: EL APOLO Y LA DAFNE
Te lo digo yo, que estuve esa noche y además me lo ha contado la Musa, que sabes que se cosca de todo. El Apolo y el Cupido estaban de fiesta en el
Space y como iban ya hasta las trancas se partían hasta de su sombra, pero también andaban un poco
quemados, porque no acababan de pillar cacho.
Empezaban a quedar sólo las feas y aunque el Cupido tenía buen palique y se las
camelaba a todas cuando le daba la gana, el que se las cepillaba luego era el Apolo, que está mazao y tiene un Polo tuneao, que de ahí le viene nombre.
El
caso es que se metieron los dos en uno de los cagaderos de los aseos, para hacer
inventario de lo que les quedaba y rematar la fiesta. Y en esto que a los dos les
entraron ganas y se pusieron a mear. Sin mariconadas, claro. Y el Cupido, que
pensaba que aunque era feo y gordo al menos tenía buena tranca, se quedó de
piedra al ver que su colega no sólo era más alto, cachas y rubio que él, sino
que calzaba un rabo enorme, un pedazo de manguera largo y arqueado. El Apolo
notó que el otro lo miraba y se puso a mear desde lejos, apoyado en la puerta
del aseo, sobradísimo. El otro se chinó y se puso a decirle que por muy larga
que la tuviera, era él quien se curraba a las pibas, que sin su palique no eran
nada. Pero el Apolo se partía y no paraba de llamarlo enano y cabezón y
pichacorta.
Así
que cuando salieron a la calle, ya era de día y las lupas negras disimulaban un
poco la cara de mala hostia del Cupido, que aprovechó que su colega estaba
entretenido dentro del coche, trasteando los subwoofers, para meterle un
chorrazo de éxtasis líquido en el botellín de agua. Y cuando vio
que se les acercaba la zorra de la Dafne, lo vio todo claro. Ella colaboró, claro, y no hizo ascos a que el Cupido la invitara a medio cuartito, porque la Dafne nunca dice que no,
que para eso era la más viciosa de todo Leganés. Ninfómana, que lo que eres es
una ninfómana, le decía el Cupido y los dos se partían. Él porque la muy burra
no sabía lo que quería decir ninfómana y ella porque ya le estaba haciendo
efecto el tripi. Total, que el Apolo salió del coche y al ver a la Dafne se
dijo que menos daba una piedra y que al fin y al cabo más valía chocho revenido que pájaro en mano. Además, estaba la mar de salido y le estaban subiendo unos
calores que no era normal. Bebió más agua y empezó a convencerse de que la Dafne estaba pasable, que el chándal blanco le hacía el culo demasiado gordo, y que le
faltaba algún piño pero que, si no le fallaba la memoria, no la chupaba mal. Pero lo que no
sabía el muy pringado es que el Cupido se había encargado de emparanoiar a la
Dafne, diciéndole que Apolo tenía una enfermedad muy chunga, que habían ido a
mear juntos y que la punta del nabo la tenía llena de costras y de pus, que no
se fiara, porque se la quería tirar a ella para pegarle aquella mierda, que llevaba meses sin follar y era peligroso.
El
puto caos, porque cuando Apolo se acercó a la Dafne to empalmao, moviendo el
paquete a ritmo de David Guetta, la otra abrió mucho los ojos, pegó un grito y
echó a correr. Y el Apolo salió to lijao detrás de ella, diciéndole que
estaba loca y que esperara, que sólo quería hablar. Hablar, decía,
pero se iba sacando la chorra mientras corría, muy fuerte. Y el cabrón del
Cupido se partía el culo, revolcándose por el suelo, rojo como un tomate. Y la
pobre de la Dafne, que es verdad que siempre había sido una guarra, que yo la conozco
desde el insti y ya me la chupaba entonces, tampoco se merecía eso. Porque le
dio un chungo y de repente se quedó parada, se quedó vegetal, tío, plantada
como un puto árbol en mitad del parking. Y el Apolo se acojonó un poco, le entró
la paranoia de que iba a morirse y se echó a llorar. Pero yo creo que lloraba
porque en el fondo le daba rabia ver que al final no se la a iba a
poder tirar, el muy cabrón, que tuvimos que llamar nosotros al SAMUR. Una
movida del copón, como para escribirla.
domingo, 19 de febrero de 2012
ENVIDIA SANA
Es lo que siente uno al leer La conjetura de Perelman, de Juan Soto Ivars. En realidad, la lectura de la novela me ha causado la reconfortante satisfacción que nace de las expectativas cumplidas. La sinceridad con la que Juan me ha hablado siempre de la escritura y del mundillo literario me confirman que estamos ante un autor que no abandona al lector al aburrimiento, ni se mira el ombligo para arrojarnos pelusas. Inteligente y entretenida, La conjetura de Perelmán, al margen de disquisiciones literarias, es una película que se deja ver sin necesidad de aguzar la imaginación. Merecería ser rodada por los hermanos Coen o un Tarantino en sus mejores momentos.
Porque esta es una novela en la que, sobre todo, pasan muchas cosas y en la que los personajes están muy bien perfilados. Uno se enamora de la sensual arrogancia de Mary Parsons, trata de averiguar qué se cuece en la mente de Perelmán y puede oler el aliento de Kurmonov. Y eso es una mano ganadora que cualquier historia debe poseer: crear personajes que podríamos reconocer por la calle. Si a eso le sumamos las pinceladas de humor grotesco, por momentos descacharrante, la parodia política (¡larga vida a Golia!) o un desparpajo estilístico que asume sus riesgos, utilizando aguijonazos poéticos en su justa medida, no es de extrañar que sienta una especial afinidad por obra y autor. Una suerte haber conocido a ambos.
Porque esta es una novela en la que, sobre todo, pasan muchas cosas y en la que los personajes están muy bien perfilados. Uno se enamora de la sensual arrogancia de Mary Parsons, trata de averiguar qué se cuece en la mente de Perelmán y puede oler el aliento de Kurmonov. Y eso es una mano ganadora que cualquier historia debe poseer: crear personajes que podríamos reconocer por la calle. Si a eso le sumamos las pinceladas de humor grotesco, por momentos descacharrante, la parodia política (¡larga vida a Golia!) o un desparpajo estilístico que asume sus riesgos, utilizando aguijonazos poéticos en su justa medida, no es de extrañar que sienta una especial afinidad por obra y autor. Una suerte haber conocido a ambos.
miércoles, 15 de febrero de 2012
PROFILAXIS
―Es
como aquella mítica campaña prelunch de
la ONCE, la de El Cuponazo y la cola interminable de fichas de dominó humanas.
Claro, es normal que no la recuerdes, porque tú serías una cría entonces. No,
mejor no me digas la edad, porque soy capaz de arrepentirme de estar hablando
contigo. Pues hazte a la idea que fue la tomadura de pelo más exitosa de la
historia de la televisión española, una enorme serpiente… que digo, un churro
inmenso que atravesaba el paisaje urbano
y las débiles defensas de la cultura audiovisual de los consumidores
ochenteros. Un churro que le salió a los cieguitos por un pico y que forró de billetes
y de coca a los creativos de la agencia, que en realidad se habían limitado a
copiar la estrategia de la televisión americana. No es que ahora sea distinto.
Se copia igual, pero ahora la venta de formatos e ideas está más regulada. Por
aquel entonces, cualquier tarado con un morro más grande que su antena
parabólica podría dárselas de genio. Espera, que te pido otra copa.
Ella
le observa alejarse hacia la barra y aprovecha que ya no puede verla para
resoplar a gusto. Necesita estar mucho más borracha para aguantar aquello.
Apura de un trago la ginebra aguada del fondo de la copa y un cubito choca con
la punta de su nariz. El hielo le transmite la misma sensación que la charla
del publicista, pero esboza la mejor de sus sonrisas cuando éste vuelve a la
mesa, con dos copas en la mano.
―Ahora
todo el mundo se hace el entendido con los gintónics, van a pubs especializados
para pagar casi el doble por una copa, porque el último recurso de los
ignorantes es compartir una moda . Y la creación de modas es necesaria para
mover el mercado, así que todos contentos. Dentro de poco será el vodka, pero
de momento todo el mundo se deja tomar el pelo por unos granos de pimienta y
unas rodajas de pepino. Yo vengo todos los días a este bar y saben que no me
pueden tomar el pelo. Larios y Schweppes, bien cargaditos. No hay nada mejor
que reinventar la sofisticación. Yo siempre he sido de Schweppes y no por
casualidad. Fui yo quien descubrió a Bernard le Coq, el actor francés de los
anuncios de tónica de los ochenta. Tenía una fisonomía gris que daba mucho
resultado, un aspecto de oficinista medio, pero simpático e inteligente, algo
pillo. En realidad, era un cabronazo que traía loco a la compañía, porque
dependieron durante demasiados años de su imagen y el puto gabacho se creía con
derecho a ejercer el derecho de pernada con todas las becarias. Si por aquel
entonces te hubieras cruzado en su camino.
La
chica no disimula el gesto de desagrado cuando bebe el primer sorbo de la copa.
Está cargadísima y le da la sensación de estar siendo desinfectada, para que su
estómago pueda digerir la conversación. Hace poco que ha entrado a trabajar en
la agencia, pero las fantasías que tenía sobre el glamour del mundillo
publicitario se están desvaneciendo. No puede apartar la mirada de la barriga
del hombre. Le falta un botón de la camisa y de vez en cuando asoma, como un
ojo de sepia, su ombligo, ribeteado por una pelusa. Se abotona el escote de la
blusa, fingiendo que hace frío, en un gesto instintivo de defensa.
―Pero
ahora las becarias no tenéis por qué tener miedo. Sólo os queremos explotar
laboralmente, hay demasiado miedo a las denuncias de acoso. Así que puedes
hacerte a la idea de que, si no estuviera yo, te exprimirían hasta echarte a la
calle. Siempre ocurre así. Es una pirámide predadora, en la que unos se
apropian las ideas de otros. Los que estáis en la base sólo podéis aspirar a
hacer menos horas por la patilla, como decís ahora. Tienes suerte de que haya
visto en ti a alguien con un talento en bruto. La idea que tuviste con lo de
los condones era cojonuda. Cojonuda, ¿ves? Si es que no puedo evitar ser
ingenioso. Claro que luego la tuvimos que modificar bastante para adaptarla al
cliente, pero ya te acostumbrarás a esas cosas. Al principio pica, pero Manu
dejó muy claro que no quería nada ofensivo, ningún anuncio que escandalizara a
nadie. Ya sabes que el grupo está en manos de la carcoma. Deben haber acabado
con todos los bancos de iglesia y ahora buscan otros comederos. Pero lo que
venía diciendo. Que tu idea me pareció muy buena, la jovencita dejando el
condón a sus padres, porque quiere seguir siendo la reina de la casa. Pero
quise protegerte de las críticas de los jefes, por eso se la envié yo mismo,
sin meterte de por medio. ¿No vas a beber más? Pues pensé… esta chica sí que
vale. Los tiene bien puestos. De nada, chata. Claro, te espero.
Elena
entró en el baño, buscó tres monedas en el monedero, sacó el cuaderno del bolso
y salió del bar con disimulo. El
camarero, que conocía al publicista de toda la vida, no reprimió la risa al
pasarle el platillo, con una caja de preservativos y una escueta nota que decía
“Para la próxima tonta a la que des por culo”.
domingo, 12 de febrero de 2012
TORNANT ALS POEMETES
Torne al vers com un cadell
alletat per la impaciència,
empassant-me falsos silencis,
fugint de laberints i cabdells
de paraules que s’enganxen a la vida
com una sangonera esclatada,
del posat escèptic del lletraferit
que s’embolcalla de falsos averanys.
Ara que sent com brolla el crit,
que el circ de versos encerclats
m’ofrena el cadàver del trapezista,
em reconec ajagut sota la pluja,
deixe que el meu cor s’assaone
amb la senzilla imminència de la nuesa.
__________________________
Vuelvo a los versos como un cachorro
amamantado por la impaciencia,
tragándome falsos silencios,
huyendo de laberintos y ovillos,
de palabras que se enganchan a la vida
como una sanguijuela reventada,
de la pose escéptica del letraherido
que se envuelve con falsos augurios.
Ahora que siento como brota el grito,
que el circo de versos cercados
me ofrenda el cadáver del trapecista,
me reconozco tendido bajo la lluvia,
dejo que mi corazón se sazone
con la sencilla inminencia del desnudo.
alletat per la impaciència,
empassant-me falsos silencis,
fugint de laberints i cabdells
de paraules que s’enganxen a la vida
com una sangonera esclatada,
del posat escèptic del lletraferit
que s’embolcalla de falsos averanys.
Ara que sent com brolla el crit,
que el circ de versos encerclats
m’ofrena el cadàver del trapezista,
em reconec ajagut sota la pluja,
deixe que el meu cor s’assaone
amb la senzilla imminència de la nuesa.
__________________________
Vuelvo a los versos como un cachorro
amamantado por la impaciencia,
tragándome falsos silencios,
huyendo de laberintos y ovillos,
de palabras que se enganchan a la vida
como una sanguijuela reventada,
de la pose escéptica del letraherido
que se envuelve con falsos augurios.
Ahora que siento como brota el grito,
que el circo de versos cercados
me ofrenda el cadáver del trapecista,
me reconozco tendido bajo la lluvia,
dejo que mi corazón se sazone
con la sencilla inminencia del desnudo.
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